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· Semanario N.º 7

Escena

Murió Loro Coirón, el grabador que hizo del puerto una multitud

Thierry Defert falleció a los 78 años. Francés de nacimiento y porteño por elección, dedicó décadas a retratar las calles, los oficios y los habitantes de Valparaíso. Sus grabados dejaron una memoria de la ciudad construida desde la vida cotidiana.

Loro Coirón sostiene un grabado en su departamento, rodeado de obras.
Loro Coirón con uno de sus grabados, en 2021. Fotografía: Amanda Marton / The Clinic.

Fotografía de portada: Amanda Marton / The Clinic, 2021.

En los grabados de Loro Coirón siempre está pasando algo. Alguien trabaja, un perro atraviesa la calle, los cuerpos se encuentran y las casas parecen acomodarse para dejar entrar otra historia. Valparaíso aparece habitado hasta los bordes. Hay movimiento, humor y una atención persistente hacia quienes hacen su vida entre los cerros y el plan.

Este 24 de octubre se informó el fallecimiento de Thierry Defert, conocido como Loro Coirón, a los 78 años. La Municipalidad de Valparaíso comunicó su muerte y destacó el vínculo que construyó con la ciudad. Radio Universidad de Valparaíso también recordó al artista que encontró en el puerto una fuente inagotable de trabajo.

Nació en París en 1948 y pasó su infancia y buena parte de su adolescencia en Senegal. En 1965 regresó a Francia para estudiar artes gráficas; dos años después ingresó a la Escuela Nacional Superior de Artes Decorativas. Su trayectoria incluyó diseño, ilustración y enseñanza. En 1984 recibió el premio Élie Faure por el libro Georges Lepape, ou l’élégance illustrée.

Autorretrato de Loro Coirón en linograbado.
Loro Coirón por Loro Coirón, linograbado, 24 × 20 cm. Obra: Loro Coirón. Fuente de la imagen: Galería Bahía Utópica.

Llegó a Chile a fines de los años ochenta. En 1995 realizó sus primeros croquis de Valparaíso y, con el tiempo, estableció su taller en el cerro Cordillera. La ciudad comenzó a ocupar cada vez más espacio en su obra: sus pendientes, sus recorridos y, sobre todo, las personas que la mantienen andando.

Una ciudad que se reconoce en sus habitantes

Coirón trabajó sobre linóleo y madera. En sus imágenes, los contrastes del blanco y negro sostienen escenas llenas de detalles: trabajadores, niños, perros callejeros, encuentros y bailes. La Biblioteca Nacional vinculó su estética con la Lira Popular, esa tradición gráfica donde imagen, relato y circulación pública se encuentran.

Escena de comensales y habitantes del Mercado Puerto en una xilografía de Loro Coirón.
Mercado Puerto, xilografía de Loro Coirón. Fuente de la imagen: catálogo de Galería Bahía Utópica.

Su mirada permite pensar el patrimonio desde quienes lo viven. Una escalera también es el esfuerzo de subirla; una calle, el lugar donde alguien se gana el día. En esa atención a los cuerpos y sus recorridos reside una dimensión política de su trabajo: conceder espacio y permanencia a vidas que suelen pasar inadvertidas.

Había humor en esa multitud. Sus escenas invitan a detenerse, volver atrás y descubrir a otro personaje. La ciudad se entrega por partes, como ocurre al caminarla. Cada mirada encuentra algo que antes había dejado pasar.

La escala de sus obras ampliaba esa experiencia. En 2008, la Biblioteca Nacional presentó Valparaíso, poh!, una exposición que incluyó grabados de hasta cuatro metros de altura. También exhibió herramientas, dibujos y matrices: las huellas materiales de un proceso que exigía observar, dibujar, tallar e imprimir.

En 2021, Matucana 100 reunió 193 obras en una muestra que incorporó trabajos sobre Valparaíso, Santiago y Lontué, junto con alfombras bordadas por la artista Luz Méndez. La exposición permitió recorrer la amplitud de una producción que transitó entre formatos y territorios.

El agradecimiento también se dibuja

Durante la pandemia, Coirón entregó una obra al Hospital Carlos Van Buren en homenaje a sus trabajadores y trabajadoras. El dibujo quedó destinado a exhibición permanente. En el mensaje que lo acompañaba agradecía el esfuerzo cotidiano de quienes enfrentaban la emergencia sanitaria y expresaba su orgullo de conocerlos como porteño por adopción.

Ese gesto ayuda a comprender su relación con Valparaíso. El vínculo se construía también en el reconocimiento de los demás, en la capacidad de mirar un trabajo y darle una forma que pudiera compartirse.

Su muerte deja una obra que pertenece a la memoria visual del puerto. Queda, además, una manera de prestar atención: demorarse en una esquina, observar un oficio, reconocer a quienes sostienen una ciudad antes de intentar describirla.

En sus grabados, la gente sigue ocupando la calle. Al volver a ellos habrá tiempo para descubrir otro rostro, otro perro, otra pequeña historia. Loro Coirón dejó mucho por mirar.

Fuentes: Radio Universidad de Valparaíso; Biblioteca Nacional; Matucana 100; Hospital Carlos Van Buren.

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